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Entrerriano Amor

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Cada vez que llego a un pueblo donde debo comenzar un nuevo trabajo (vendo rifas y cada tres meses cambio de pueblo), me tomo el primer día para impregnarme de él. Recorro sus calles, me siento en los bancos de sus plazas para observar a los transeúntes, curioseo sus vidrieras. Me tomo mi tiempo para charlar con la gente del lugar, sobre cualquier tema, y así acostumbrarme a sus tonadas, sus modismos, su perspectiva singular (que la tiene cada pueblo) de ver pasar los días.             Así, en mi primer día de campaña en Victoria, sentado en una de las diagonales de la plaza, la vi a Carmen, sentada en un banco de la diagonal que estaba frente a mí. Inconfundible, era ella. Retacona, rubia, con un pantalón negro tipo bombacha, zapatos negros más grandes de lo que podían llegar a ser sus pies, una camisa con todos los colores posibles, y coronando su testa, un sombrero galera negro, de ala ancha, que terminaba de dibujar ...

Bolas de espejos

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El ambiente en el bowling era espeso. Música estridente que salía de una cofradía de altoparlantes, humo de cigarrillos prohibidos pero que encontraban los recovecos para escaparse, vaho de alcohol en las gargantas enrojecidas. Ella sobresalía entre todas las demás. Sentada a unos metros de mi mesa, su sonrisa era imposible que pase desapercibida. Sus encías y sus dientes, prominentes ambos, le daban a su rostro alargado y mestizo, una belleza exótica y llamativa. Él era el típico clase media carilindo, bien vestido peinado y afeitado. Tez blanca y sonrisa al tono. Llegaron juntos y se sentaron junto a una pareja que aparentemente eran sus amigos, por un momento imaginé que ellos también eran pareja. Ella, levemente encorvada, de ojos tristes pero enamorados, no dejaba de mirarlo de un modo que interpreté con ternura. No había demasiado diálogo, más bien intercambio de palabras en medio del ruido y la mayor parte del tiempo él se distrajo con su amigo mientras ella lo observaba ...

HEN TICA - del Libro "Narsiza y otros cuentos"

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     Se sentó en la roca que lo aguardaba hermética, desde hacía siglos, pacientemente esculpida con los susurros de la historia. Era la hora exacta, el cansancio justo, la memoria necesaria y la lucha prevista. Hen Tica enjugó el sudor de su frente con el poncho de vicuña, y escondió la mirada entre las palmas de sus agrietadas y sufridas manos de hombre  aguerrido.      Llevaba siete días de incansable caminata. Soportando los embates de los vientos, la inclemencia del sol (el mismo que lo venía guiando para evitar que se pierda y regresara por los mismos senderos). Hen Tica se sentía fuerte en su misión. No quería siquiera mirar para atrás y llegar a añorar lo que dejaba en su pasado. Su pueblo ya no era más su pueblo. Su familia ya no era más su familia. En el camino se iba buscando a sí mismo y lo acechaba la convicción de que una vida nueva bien valía el sacrificio. Lo había visto en las aves que merodeaban su cueva. Se lo habían de...

Inexorablemente circular

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  Luis caminaba siempre en círculos. Más bien en cuadrados, porque la ciudad estaba dividida en manzanas. No recordaba a ciencia cierta cuándo había empezado con esa costumbre, lo cierto es que ya no podía o no quería transitar la  vida de otra forma.             Obviamente para todos, excepto para él, esto le causaba un sin fin de inconvenientes que la mayoría de las veces con un poco de ingenio se podían subsanar . Un ejemplo sería que para ir de su casa ubicada en  calle Sarmiento al supermercadito y luego volver,  a cualquier otro ser humano le bastaba con realizar un par de cuadras, ya que se encontraban en la misma calle a una cuadra de distancia. A Luis le insumía recorrer seis cuadras, porque además de caminar solamente en círculos (o cuadrados), él jamás lo hacía sobre sus pasos. Por lo tanto, cuando salía del supermercado, daba toda la vuelta a las dos  manzanas para regresar a su casa. De...

Danza de insomnio gris

Él, sólo Él sabe si fue vigilia o sueño vívido el momento fatal en que mi alma robaba a la rosa la lágrima de enamorado solitario, en el rosedal de las tristezas blancas. Él, sólo Él sabe si fue mi brazo de espinillo el que lastimó la hostia consagrada en el momento álgido de la comunión de nuestras savias trasnochadas. Él, sólo Él sabe aunque tú quizá también sepas qué condena nos cabe a aquellos que alguna vez transitamos los silencios, para no manchar los rostros inmaculados. Él, sólo Él sabe, que a pesar de todo, vivo en la danza gris, entre la certeza y la duda, ese arcano espacio que infecta noches de insomnio para que pueda aparecer disfrazada de ecuánime perdón la vacía y turbia palabra.

Sistema de navegación

Era pasajero de un tren fantasma que empezaba su recorrido en el ventrículo izquierdo de un corazón lastimado. Desgarbado, sin hacer apología de la nostalgia su mirada se ocultaba tras unas gafas de neón. Apenas lo reconocían por sus trapos desgastados en horas y días y años de nunca acabar. Inició su viaje como una forma de despistar a su propio destino. Nunca quiso transitar los caminos de ripio árido, ni los asfaltos ardientes bajo el sol de la galaxia de su desamor. Recorrió los ríos de sangre por todo el cuerpo que se estremecía ante cada mirada azul. El silencio de los hematocritos no hacía más que aumentar la presión que retumbaba en las paredes venosas y elásticas que lo contenían. En el recodo del tobillo derecho cerró los ojos y se dejó llevar sin imaginar nada de nada. Su mente era un lago de plasma inerte. De cuando en cuando percibía las burlas de los muñecos que retozaban a su paso. Hubo un instante que lo iluminó de cuerpo entero y no le quedó más remedi...

"Narsiza y otros cuentos" - Libro para descargar

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Les comparto el link para descargar en formato PDF del libro "Narsiza y otros cuentos" Está permitido descargarlo, imprimirlo, regalarlo, compartirlo, etc. Siempre citando fuente y autor. https://docs.google.com/open?id=0B2-KhzhjWRB9STRZV2dVclVnM3M Espero que lo disfruten!!!