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Semillas, somos nada más que semillas

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Pareciera que la calma a la vera de nuestras venas viene a confirmar lo que en todo momento presintieron nuestras vértebras. Erguidos y tensos, como a la espera de un final abrupto e ineludible, los silencios que brotaban por los arroyos de nuestros cuerpos desbordaban los cuencos. Nuestra existencia era efímera en sí misma y sobre todo para el entorno que nunca nos percibió, ni siquiera como una tenue amenaza. Eramos rescoldos exiguos de una tradición de la que nadie se acordaba. Y a pesar de todo estábamos ahí. Centinelas de nosotros mismos, prefectos de un territorio vasto e inexplorado que nos correspondía por derecho propio. Lo intuíamos, lo saboreabamos, lo palpabamos, lo aspirábamos mientras el fuego que nos consumía era viento que jugaba con las velas a la deriva. Las cenizas que esparcimos se evaporaron en el cosmos que nos engendraba. El cauce de aquél que nos dio la vida en otros tiempos fue urna funeraria ancestral de nuestra semilla.

Sentimientos

     La densidad de las palabras se diluye entre la tenue llovizna. Quién fui o quién seré es un dilema exiguo frente a la posibilidad de perder la dura fragilidad del presente. No importan a mi alma las banalidades que se descuelgan en el aire repetido ni los azotes que retumban en las pieles del peregrino. El amor como tal es una certeza sin futuro. Es una excusa pobre, un pasaje a ningún destino. Sin embargo el poeta que me habita no discute su discurrir. Solo fluye en él, se abandona, deja que sus fibras jueguen sin sentido o en ninguna dirección. Es la única manera en que el poeta concibe su existencia más allá de los pobres significados que disfrazan las palabras.      Comprender es un ejercicio vano que nos aleja infinitamente de todo lo que nos mantiene vivos. Aquello que nos permite movernos en lo sublime de nuestras experiencias no es plausible de racionalización. La poesía que emerge de las profundidades del poeta ...

Desamparos

La tristeza que hoy invade al poeta lo excede en los límites de su piel. No le alcanzan los silencios y las lágrimas para comprender lo que no tiene explicación. "Y en este desencuentro con la fe...", todo es siniestro en el transcurrir de los días cuando dos seres humanos enlazados por la sangre, por la vida, por el afecto, aciertan a desgajarse, a ultrajarse en la savia única que nos mantiene vivos. Dar la espalda y dejar en el desamparo a nuestros retoños, a los que trascienden nuestra fronda, a nuestras raíces. Es haber sembrado en vano en la tierra de los siglos. No haber aprendido nada. Ser ignorantes, supinos de toda ignorancia. Y sin embargo así seguimos, silenciados en la palabra del otro. Incapaces de amar más allá de nuestro dolor. Miles de voces en la penumbra de los tiempos, en los resquicios del planeta, millones de lágrimas caen secas al mar. Desencuentros tan fugaces pergeñan las miradas, solapan los disturbios, acobardan los enojos. Señeros ...

Musas

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El paisaje nunca puede llegar a ser monótono, ni entretenido... el paisaje es. La velocidad con que el colectivo atraviesa los campos no alcanza a vislumbrar los mensajes que se diluyen en la tarde. ¿Quién puede cerrar los ojos frente a tanta esperanza? ¿Cómo negarse a dejar llevar la mano cuando le dictan las musas de antaño? No siempre lo que se dice es lo que se quiere decir, como tampoco lo que se calla es lo que queremos dejarnos para nosotros. Entonces viene un rayito de sol a recordarnos los aromas extrañados, inextinguibles, que resguardan las brisas de tantos viajes en anaqueles añosos, como letanías de un licor en barrica, a la espera. "Por el resquicio de tu piel la luz de un sol de media tarde se entrevera en nuestros silencios de humedades. Los besos de hasta pronto nos envuelven en caricias tibias de mate. Y aquello tan sublime que el viento de nuestras fibras no se atreve a nombrar, nos delata. Somos dos en una tarde y la noche nos lleva sin prisa. A un cielo, a un...

NUEVAS GEOGRAFÍAS

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El pulso del poeta va volviendo a serenarse en las aguas tranquilas de la determinación. Bajo las nubes que adelantan las lloviznas de las tristezas, un rayo de luz emerge tímido en el horizonte más inimaginado de la palabra. Los pasos acompañan la respiración calma, mientras la mirada aún taciturna vislumbra el amanecer de un nuevo ciclo de la vida. En el pecho aún retumban los tambores de aquél que sin querer festejó la luna nueva a orillas del río peregrino. El fuego no se ha extinguido y el rescoldo mantiene vivas las imágenes de una caricia. Es temprano aún para que pongamos nombre a nuestras nuevas geografías. Y eso no impide que continuemos explorando nuestros viejos y nuevos mapas en busca de aquello que sin querer... sin querer... sin querer, nos dibujó.

Ceremonias

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En la cima de el cerro más desconocido, se percató de su significado y cerró los ojos. No fue necesario ver más allá. Ni siquiera sentir un segundo más de aquellos olores que lo acompañaron. Era el final de un ciclo que venía presagiando el comienzo de lo nuevo. Era tanto lo que había dejado en los peñascos más difíciles que la ropa se fue deshilachando de tanto exfoliar lo que no era necesario. El cansancio no le impedía darse cuenta. Era tan imponente la vivencia. Uno no podía no sentir lo imperioso de las sensaciones. Pararse con las plantas de los pies firme en la tierra. Alzar la vista al cielo y dejarse inundar por la luz de Aquél que nos da vida. Tomar bocandas de aire fresco y percibir en cada una de las células la energía vital que atravesaba todo el cuerpo. Sorbos de agua cristalina mientras bailamos al compás de las truchas arco iris a nuestro alrededor. Una ceremonia. Simple. Como todas las ceremonias importantes de nuestra vida. Como el llanto iniciático. Sin motivo aparen...

Luces y sombras

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Luces y sombras... Tan disímiles entre sí y tan complementarias, tan necesarias unas de las otras. Es más... una es la razón de ser de la otra y viceversa también. Y tan parte del todo aunque nos ensañemos en negarlas (sobre todo a las últimas) y nb nos damos cuenta que con negarlas lo único que logramos es hacerlas crecer más y más y más, y además cargarlas con toda una significancia que las vuelve lo que en realidad no son. Y qué berenjenal se le arma al poeta con sus versos cuando escribe sólo lo que cree que los demás quieren leer!!! Es tan fácil adivinar lo que el otro quiere escuchar y completar sus recortes con pequeños fragmentos que no llegan a ser falaces pero que andan tan cerca de serlo... Es tan sutil la línea que nos marca los límites y somos tan audaces en eso de experimentar siempre en llevarla un poco más allá, que más de una vez no nos damos cuenta que ya estamos del otro lado, si es que realmente existe algún otro lado. ¿Existe? Luces y sombras... Sol y Luna... Clari...