NUEVAS GEOGRAFÍAS


El pulso del poeta va volviendo a serenarse en las aguas tranquilas de la determinación. Bajo las nubes que adelantan las lloviznas de las tristezas, un rayo de luz emerge tímido en el horizonte más inimaginado de la palabra.


Los pasos acompañan la respiración calma, mientras la mirada aún taciturna vislumbra el amanecer de un nuevo ciclo de la vida. En el pecho aún retumban los tambores de aquél que sin querer festejó la luna nueva a orillas del río peregrino. El fuego no se ha extinguido y el rescoldo mantiene vivas las imágenes de una caricia.


Es temprano aún para que pongamos nombre a nuestras nuevas geografías. Y eso no impide que continuemos explorando nuestros viejos y nuevos mapas en busca de aquello que sin querer... sin querer... sin querer, nos dibujó.

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