Ceremonias


En la cima de el cerro más desconocido, se percató de su significado y cerró los ojos. No fue necesario ver más allá. Ni siquiera sentir un segundo más de aquellos olores que lo acompañaron.


Era el final de un ciclo que venía presagiando el comienzo de lo nuevo. Era tanto lo que había dejado en los peñascos más difíciles que la ropa se fue deshilachando de tanto exfoliar lo que no era necesario.


El cansancio no le impedía darse cuenta. Era tan imponente la vivencia. Uno no podía no sentir lo imperioso de las sensaciones.


Pararse con las plantas de los pies firme en la tierra. Alzar la vista al cielo y dejarse inundar por la luz de Aquél que nos da vida. Tomar bocandas de aire fresco y percibir en cada una de las células la energía vital que atravesaba todo el cuerpo. Sorbos de agua cristalina mientras bailamos al compás de las truchas arco iris a nuestro alrededor.


Una ceremonia. Simple. Como todas las ceremonias importantes de nuestra vida. Como el llanto iniciático. Sin motivo aparente. Tantos significados y presagios ocultos. Dejar atrás una vida. Mirar hacia el futuro sin saber qué nos depara. Absoluta libertad para sentirse feliz.


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