Sentimientos

     La densidad de las palabras se diluye entre la tenue llovizna. Quién fui o quién seré es un dilema exiguo frente a la posibilidad de perder la dura fragilidad del presente. No importan a mi alma las banalidades que se descuelgan en el aire repetido ni los azotes que retumban en las pieles del peregrino. El amor como tal es una certeza sin futuro. Es una excusa pobre, un pasaje a ningún destino. Sin embargo el poeta que me habita no discute su discurrir. Solo fluye en él, se abandona, deja que sus fibras jueguen sin sentido o en ninguna dirección. Es la única manera en que el poeta concibe su existencia más allá de los pobres significados que disfrazan las palabras.

     Comprender es un ejercicio vano que nos aleja infinitamente de todo lo que nos mantiene vivos. Aquello que nos permite movernos en lo sublime de nuestras experiencias no es plausible de racionalización. La poesía que emerge de las profundidades del poeta son apenas intentos embebidos de la fuerza que lo impulsa y los silencios que preceden la creación son tan impetuosos que exhalan fuertes tensiones en las fauces del peregrino.

    El día se extingue irremediablemente y aún el latido del poeta marca las agujas de un reloj que no tiene tiempo en ningún espacio. Es un momento solamente que vibra en lo oscuro de los siglos. Es un lugar sagrado dentro del templo más sagrado. Probablemente el poeta peregrino intuya la fugacidad y la eternidad entrelazadas en el mismo instante.

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